Teníamos como 16 años. Hoy sigue siendo un hito, de esas anécdotas que no dejamos de recordar. Cada vez que nos juntamos hacemos el relato. Le contamos a nuestros hijos esas hazañas y nos hinchamos de gusto.
Solo los que lo vivimos sabemos de qué hablamos, el resto se lo puede imaginar.
Varias veces, Migue, Ale, Mario y yo acompañamos la cascada en su soledad y su murmullo, y muchas historias se tejieron en torno suyo.
Recuerdos de momentos inolvidables. Tanto, que después de 20 años llevé a mis hijos por el mismo sendero a hacerle compañía otra vez a la cascada.
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